El coche eléctrico y la crisis del petroleo

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    El coche eléctrico es un fantasma que aparece en cada crisis del petróleo desde 1973. Y desaparece con ella. Su premisa es bien sencilla: si el petróleo es caro, evitemos su uso y de paso reduzcamos las emisiones de CO2. Pero su destino siempre está marcado de antemano.

    El incentivo a la innovación es claro. Si el petróleo se dispara podemos obtener una ganancia vendiendo a los consumidores un vehículo con un combustible más barato como es la electricidad. La electricidad es energía renovable y se puede obtener con un bajo coste ecológico, prácticamente con sólo evitar su producción en centrales térmicas (suponiendo que las centrales nucleares puedan ser seguras, claro). Si tenemos una tecnología que nos permita producir baterías potentes y ofrecer suficientes puestos de abastecimiento con un tiempo de carga rápido ¿qué nos impide el empleo eficiente de esta tecnología?

    Tradicionalmente se ha dicho que todos los intentos de implantar diseños de coche eléctrico han fallado por la presión del lobby petrolero, con una alta capacidad de influencia en la administración de EE.UU. Pero no puede ser sólo eso, ya que ningún lobby de presión consigue mantener sus intereses intactos a largo plazo, y ya van varias décadas. Quizá las razones sean más cercanas a nosotros: los propios consumidores.

    Y es que en coche eléctrico no se puede hacer el cenutrio circulando por una autopista a 180 km/h, y en un mundo en que muchos se compran el coche como un potenciador de ego, para aparentar, usar un vehículo eléctrico puede hacer pensar en el qué dirán. ¿Qué otra explicación existe sino a combustibles especiales como gasolinas de 98 octanos potenciadas que cuestan 10 céntimos más que el litro normal? ¿Quién se imagina algunos modelos de coches funcionando con un motor eléctrico?

    Actualmente se venden en España algunos modelos de coche con motor de gasolina pero también con motor eléctrico, coches híbridos. Su funcionamiento se basa en usar el motor de gasolina por carretera y cargar así una batería eléctrica que se podría emplear para usar por ciudad. Estos coches híbridos se encuentran subvencionados para igualar su precio al modelo normal de sólo gasolina. ¿Cuántas personas los usamos a pesar de ello y del ahorro para el bolsillo que podría suponer? Casi nadie.

    Y es que los hábitos son muy difíciles de cambiar. Nos quejamos del precio de las gasolinas, pero a pesar de haberse duplicado casi en un año todos seguimos usando el coche para casi todo y pocos hemos cambiados nuestros hábitos para usar el transporte público. Y de ello no tenemos sólo la culpa los ciudadanos, las administraciones públicas no colaboran en demasía.

    Si Vd. quiere usar el transporte público en mi ciudad, Oviedo, más le vale que sólo tenga que coger una línea de bus, porque el Ayuntamiento no permite el transbordo con el mismo billete. Suponiendo que use un bonobús (ese, el que ya conoce hasta Rajoy) y deba hacer un transbordo, el coste ida y vuelta sería 0,85*2+0,85*2 = 3,40€ de nada, más el tiempo que tenga que gastar si tiene la mala suerte de sufrir una línea de baja frecuencia de paso. Eso es un ejemplo de sistema desincentivador al uso del transporte público, máxime cuando hacer uso de un abono similar de 10 viajes para 3 zonas en el Consorcio de Transporte de Asturias, que le mueve por todo el área Oviedo-Gijón-Avilés y le permite varios transbordos en tren, bus de línea o bus urbano, le saldría un viaje de ida y otro de vuelta de su lugar de residencia a su lugar de trabajo por 1,65*2= 3,30€. Teniendo que hacer un transbordo al menos ya le saldría más barato trabajar en otra ciudad.

    De tranvías y carriles bici ya no merece la pena ni hablar. Uno ha tenido la experiencia de montar en tranvías de varias capitales europeas (Praga, Riga, Varsovia …). Un medio de transporte eficiente porque es eléctrico y rápido porque tiene carril preferente. Ya, pero es que se necesita hacer un carril especial, exactamente igual que para las bicis aunque este último sea más estrecho. Vivo en una ciudad que tiene unas aceras anchísimas incluso por donde no pasea gente. Luego en algunos casos sólo un carril unidireccional para la circulación de vehículos. Hacer un simple carril bici que de servicio a las zonas de más tráfico de la ciudad es simplemente impensable, un tranvía es ciencia-ficción, con lo feas que además quedan las catenarias que petrificarían cual basilisco a más de un estirado ciudadano.

    Al final, los fabricantes de vehículos son quienes más interés tienen en hacerlos eléctricos. Pero somos los ciudadanos y administraciones públicas los que sólo nos acordamos de ellos cuando el petróleo se dispara, aunque tampoco estamos muy dispuestos a cambiar hábitos y ejecutar actuaciones. El precio del petróleo sube, alcanza un pico máximo y vuelve a bajar, aunque no a los niveles originarios. En ese momento empezamos a hablar de petróleo barato que estimulará el crecimiento económico y nuestros hábitos se han acostumbrado a gastar más para nuestros desplazamientos. El coche eléctrico, la bici o el uso de un transporte público eficaz pasan a convertirse en preocupaciones de pobretones y frikis que no tienen otra cosa que hacer. Y así hasta el próximo alza de precios en unos años.

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    Neandertales: más cerca de nosotros

    Neutralidad en carbono: un gran negocio

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    Molécula de CO2

    Ha sido uno de los nuevos términos acuñados en los últimos años al calor (y nunca mejor dicho) del cambio climático, presunto o real ya es otro tema. Y no significa más que compensar con inversiones en energía verde o recursos naturales las emisiones de gases de efecto invernadero que cada uno de nosotros realizamos.
    ¿Algo que parece muy lejano a la vida real? En absoluto. A continuación un ejemplo que me he encontrado recientemente mientras compraba unos billetes de avión. Como de todos es sabido (y si antes no lo sabíais, ahora sí) los aviones de línea son unos de los grandes emisores de CO2 a la atmósfera. Si viajas en avión estás por tanto contribuyendo a la acumulación de estos gases en el planeta. Solución: ya que debes de viajar, haz algo por compensar esta emisión de gases, ya que después de todo el efecto es revertible. Podrías plantar un naranjo en tu jardín, contribuir durante unos días a reforestar un área, acudir a tu trabajo o estudios caminando o en transporte público en vez de en coche, etc. Pero en este mundo nuestro hasta los buenos propósitos pueden ser canalizados a través de empresas que están encantadas de cumplir con una función social (casi tanto como de coger nuestro dinero). Así, por seguir con el ejemplo, tras ofrecerte los billetes la línea aérea te ofrece su parnertship con una compañía dedicada a gestionar tu neutralidad en carbono. Así , me comunican que mi vuelo de 5134 km supondrá la emisión de 0,8 toneladas de CO2 y me ofrecen, para tranquilidad de mi conciencia ecológica, adquirir un paquete de neutralidad por 11,04€ que se invertirán en proyectos de energía renovable eólica en China, India y Nueva Zelanda, todos ellos con su certificación ecológica correspondiente. Y para mayor tranquilidad, incluso para algún día poder demostrar a mis nietos que yo no me cargué el planeta, me ofrecen hasta enviarme unos certificados de mi neutralidad en carbono.
    Total, que después de desmenuzar varios de los enlaces ofrecidos uno llega a la conclusión de que su conciencia ecológica se está dedicando a financiar a empresas de energía que, por supuesto, no la van a ofrecer gratis a sus clientes. Y además no estamos hablando de instalar células solares en zonas paupérrimas de Africa o Sudamérica, no, sino de contribuir a la producción de energía en países desarrollados como China, Nueva Zelanda o India ¿Quién sale entonces verdaderamente favorecido de todo esto? Seguro que el planeta no es de los primeros en la lista …

    Google ecológico en negro

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    Creo que no hay nada que alguien no piense en algún momento. Parece ser que las pantallas de ordenador como esta que estás leyendo ahora consumen energía en función del brillo de los colores que ofrecen. Un color claro supone sensiblemente más energía que un color oscuro, más en un monitor clásico CRT que un monitor LCD. En base a ello y a que Google sea la web más visitada de la Red, y su color predominantemente sea el blanco, alguien se ha dedicado a calcular el ahorro energético que supondría un Google negro. Y el resultado ha sido de entre 750 y 3000 megawatios al año en función de la proporción que exista de monitores CRT-LCD en el mundo.
    Google Negro
    No es mucho, pero la misma regla rige para cualquier otra cosa que el monitor esté mostrando, incluso los salvapantallas que por definición están en uso cuando el ordenador está ocioso. Así que ya sabéis, quizá no tener la mula conectada las 24 horas para pelis que no vais a ver nunca sea la mejor opción de ahorrar energía, pero un salvapantallas en colores oscuros tampoco estará mal. Y, parafraseando a la DGT, si no lo haces por eso, piensa que al menos un salvapantallas negro mantendrá los pixels de tu flamante LCD más lejos de fundirse.

    Actualización: Yendo más lejos aún, el autor de la idea se ha dedicado a calcular una paleta de colores de bajo consumo energético para la web.

    Día Mundial de la Tierra

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    ¿Y quién en este día no piensa en Una Verdad Incomoda (An Inconvenient Truth), el documental de Al Gore que a finales del año pasado sacudió la conciencia ecológica del planeta? Un documental cuyo mayor mérito ha sido reunir y poner imágenes impactantes predicciones que ya se conocen hace casi 20 años y que cuando nos estamos encontrando materializadas sólo podemos pensar en que pena esto del cambio climático pero que invierno más agradable hemos tenido. Si todavía no has visto el documental corre y vete a tu videoclub que seguro que lo tienes disponible, y merece la pena verlo.
    Una Verdad Incómoda
    Desconozco hasta que punto los datos que presenta el documental son fiables o están un pelín exagerados (¡no olvidemos que Al Gore es un político! fue vicepresidente con Clinton y luego perdió la presidencia contra Bush en las disputadas elecciones de 2000) y posiblemente el contenido esté un poco sesgado (¿Recordais a Al Gore, el inventor de Internet?). Aquí es donde a Al Gore se suma un brillante economista de peculiar estilo (sobre todo para vestir) como es Xavier Sala, aunque últimamente haya sido más conocido por su mes como presidente accidental del Barça que por algunos de sus grandes estudios de los que algún día comentaré algo, en especial del que demuestra como el mundo no van tan mal como nos lo pintan … excepto en Africa. Los que hayáis pinchado en su página web o conozcáis la portada de alguno de sus libros habréis ya comprobado lo especial del profesor de la Universidad de Columbia (doy fe de que en la realidad es igual de extravagante).
    Xavier Sala
    Este señor a lo largo de los últimos meses se ha dedicado a escribir unos artículos muy interesantes en La Vanguardia en los que quita un poco de épica al documental de Al Gore. Si os gustó Una Verdad Inconveniente no debéis dejar de leerlos, algunas cuestiones de las que se puntualizan os dejarán un poquito más tranquilos, pero seguro que algunas otras os dan bastante más que pensar. La mayor parte de la información que se contrasta con la ofrecida en el documental procede del Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) de la ONU, en cuya web disponéis de información original sobre el cambio climático (aquí tenéis la presentación que hace unos meses trajo el tema a primera plana de todos los periódicos).
    Venga, que no os de pereza y tomaros la molestia de leeros los artículos que no son tan largos. Tendréis una visión más optimista sobre el presente y el futuro del planeta, aunque ya se sabe, un optimista no es más que un pesimista mal informado …