Mi vida digital 2.0

“The network is the computer”
— Scott McNeally, CEO Sun Microsystems (finales del siglo XX)
O la red es el ordenador. La primera vez que leí esa frase fue hace muchos años, creo que no había llegado aún el temido 2000 con su efecto. De aquella sonaba un poco a chiste, la imagen de un visionario fuera de la realidad que quería vender su producto compatible multiplataforma (Java).
Pero un bonito día de primavera de 2008, casi una década más tarde, me encuentro con que mi vida digital es la siguiente:
- El correo personal gestionado y archivado en GMail mediante IMAP, con la posibilidad además de mostrar mi propio dominio damanegra.com en los envíos. El correo profesional sigue un esquema similar en otra cuenta IMAP y un backup en otra cuenta GMail, esto es, una cuenta que recoge un duplicado de todo aquello que me envían.
- Google Docs para el desarrollo de documentos, que se pueden terminar en él o luego pasar a ser maquetados en el clásico Office si el destinatario así lo requiere.
- Box.net para conservar todos mis ficheros (excepto fotografías, sonido y vídeo).
- Google Calendar para conservar toda mi agenda de años, pasados y futuros.
- Bloc de notas de Google, como un digno sustituto virtual de post-it para tomar todo tipo de notas.
- Bloglines, Google Reader y FriendFeed para seguir día a día distintas webs/blogs. Agrupadas en cada servicio según mi propia clasificación de intereses.
- Listingly, para la creación de listas, fundamentalmente algo tan mundano como la lista de la compra (aunque suene a chiste, es verdad, lo reconozco).
- Foxmarks, para conservar mis marcadores en servidor y mantenerlos sincronizados entre distintos ordenadores.
Scott McNeally & Sun Microsystems tuvieron la idea, pero todo el tinglado anterior se apoya en el binomio Google + Firefox, fundamentalmente. Google porque es quién más ha hecho por el desarrollo de los sistemas 2.0 con sus GMail y sus aplicaciones eternamente en beta, pero que ya quisieran muchos que funcionaran tan bien. Y Firefox porque ofrece algo aún más importante, un verdadero sistema multiplataforma (Mac, Linux, Windows) porque sus extensiones (algunas casi verdaderas aplicaciones) se instalan en el navegador y no en el sistema operativo.
¿Y con que cuento para trabajar con todo esto? Con lo siguiente:
- Ordenadores de sobremesa y portátiles, tanto sistemas Apple (en casa) como Linux (Mandriva) y Windows (en el trabajo). Ya esté en casa o trabajando en cualquiera de los múltiples centros a los que me pueda desplazar, siempre habrá un ordenador de uso exclusivo para mi (o casi, pero en ese caso el ordenador tendrá un Linux con su seguridad en los usuarios). Por eso se vuelve tan importante que el ordenador sea la Red, porque allá donde estén mis datos estarán conmigo. Y por eso es tan importante Firefox, no importa el sistema operativo del ordenador, siempre habrá Firefox y por tanto sus aplicaciones-extensiones.
- ¿Qué ocurre si en algún desplazamiento no tengo acceso a un ordenador de uso exclusivo para mi? Para eso llevo encima un vulgar pendrive USB con sus Portable Apps. Sólo ejecutan en Windows pero lo normal es que esos ordenadores sólo tengan Windows. Las Portable Apps no son más que versiones de programas de software libre modificadas para poder ejecutarse íntegramente desde un lápiz USB. Ventajas del software libre, intenta buscar un Microsoft Office que ejecute desde un lápiz USB
Así llevo encima un Firefox (navegador), un ThunderBird (correo), un OpenOffice (suite ofimática), un Pidgin (mensajería instantanea), 7-zip (compresor), GIMP (procesador de imágenes) y alguno más. Aunque con el Firefox se cubrirían el 95% de las necesidades por todo lo escrito anteriormente. - ¿Y si no hay ordenador? Palm Treo 680. No tiene Wifi ni falta que hace. Todas lo citado en el apartado de aplicaciones web tiene versión móvil que se puede consultar y/o modificar en un pis-pas desde el smartphone. En algún caso, como la agenda, directamente se sincroniza al Treo. En contra de lo que se dice por ahí la conexión móvil no es excesivamente cara en España, Movistar, 10€ conexión 3G hasta 100Mb (total, el Treo 680 no tiene de eso) y tarifa plana en adelante a velocidad de GPRS clásico. Conexión ubícua desde el móvil. Las versiones de la web móvil tienen un escaso consumo de Kb, por lo tanto es difícil que al mes se alcancen siquiera los 100Mb de consumo. ¿Pero y en el extranjero? En la mayor parte de países se pueden adquirir tarjetas de prepago de operadores locales con las que seguir conectado a precios similares (y velocidad más ágil, todo sea decirlo). Si no, creo que siguen existiendo los cyber
Yo sigo esperando por mi coche volador, mis mayordomos-robot, mis vacaciones en la Luna y otras odiseas por el espacio que nos prometían los tecnofuturólogos de finales de los 70 y primera mitad de los 80, pero lo que sí que se ha cumplido ha sido la visión de Scott McNeally: mi ordenador es la Red. O casi …
Principadón de Gijón
Yo pensaba que Asturias era una región y no una ciudad. Y pensaba que los éxitos deportivos se celebraban en todos los deportes e independientemente de la población. ¿Dónde estaba el gobierno del Principado cuándo equipos de otras modalidades y de otras poblaciones conseguían éxitos y ascensos a máximas categorias?
Si ya es vergonzoso el apoyo de las administracines pública al fútbol, con cuantiosas subvenciones a Sociedades Anónimas Deportivas, más lo es cuando sólo se tiene en cuenta no sólo a una modalidad sino también a una población según la afinidad política y de cuna del gibernante de turno.
No vi a Fernando Alonso en sus mundiales, ni en los ascensos a máxima categoría al Club Patín Cibeles, al Oviedo Moderno o al Esfer en la web del Principado, eso sin ir más allá de equipos de Oviedo, y algo me da que no veré a otros muchos clubes de otras ciudades en el futuro ![]()
El coche eléctrico y la crisis del petroleo
El coche eléctrico es un fantasma que aparece en cada crisis del petróleo desde 1973. Y desaparece con ella. Su premisa es bien sencilla: si el petróleo es caro, evitemos su uso y de paso reduzcamos las emisiones de CO2. Pero su destino siempre está marcado de antemano.
El incentivo a la innovación es claro. Si el petróleo se dispara podemos obtener una ganancia vendiendo a los consumidores un vehículo con un combustible más barato como es la electricidad. La electricidad es energía renovable y se puede obtener con un bajo coste ecológico, prácticamente con sólo evitar su producción en centrales térmicas (suponiendo que las centrales nucleares puedan ser seguras, claro). Si tenemos una tecnología que nos permita producir baterías potentes y ofrecer suficientes puestos de abastecimiento con un tiempo de carga rápido ¿qué nos impide el empleo eficiente de esta tecnología?
Tradicionalmente se ha dicho que todos los intentos de implantar diseños de coche eléctrico han fallado por la presión del lobby petrolero, con una alta capacidad de influencia en la administración de EE.UU. Pero no puede ser sólo eso, ya que ningún lobby de presión consigue mantener sus intereses intactos a largo plazo, y ya van varias décadas. Quizá las razones sean más cercanas a nosotros: los propios consumidores.
Y es que en coche eléctrico no se puede hacer el cenutrio circulando por una autopista a 180 km/h, y en un mundo en que muchos se compran el coche como un potenciador de ego, para aparentar, usar un vehículo eléctrico puede hacer pensar en el qué dirán. ¿Qué otra explicación existe sino a combustibles especiales como gasolinas de 98 octanos potenciadas que cuestan 10 céntimos más que el litro normal? ¿Quién se imagina algunos modelos de coches funcionando con un motor eléctrico?
Actualmente se venden en España algunos modelos de coche con motor de gasolina pero también con motor eléctrico, coches híbridos. Su funcionamiento se basa en usar el motor de gasolina por carretera y cargar así una batería eléctrica que se podría emplear para usar por ciudad. Estos coches híbridos se encuentran subvencionados para igualar su precio al modelo normal de sólo gasolina. ¿Cuántas personas los usamos a pesar de ello y del ahorro para el bolsillo que podría suponer? Casi nadie.
Y es que los hábitos son muy difíciles de cambiar. Nos quejamos del precio de las gasolinas, pero a pesar de haberse duplicado casi en un año todos seguimos usando el coche para casi todo y pocos hemos cambiados nuestros hábitos para usar el transporte público. Y de ello no tenemos sólo la culpa los ciudadanos, las administraciones públicas no colaboran en demasía.
Si Vd. quiere usar el transporte público en mi ciudad, Oviedo, más le vale que sólo tenga que coger una línea de bus, porque el Ayuntamiento no permite el transbordo con el mismo billete. Suponiendo que use un bonobús (ese, el que ya conoce hasta Rajoy) y deba hacer un transbordo, el coste ida y vuelta sería 0,85*2+0,85*2 = 3,40€ de nada, más el tiempo que tenga que gastar si tiene la mala suerte de sufrir una línea de baja frecuencia de paso. Eso es un ejemplo de sistema desincentivador al uso del transporte público, máxime cuando hacer uso de un abono similar de 10 viajes para 3 zonas en el Consorcio de Transporte de Asturias, que le mueve por todo el área Oviedo-Gijón-Avilés y le permite varios transbordos en tren, bus de línea o bus urbano, le saldría un viaje de ida y otro de vuelta de su lugar de residencia a su lugar de trabajo por 1,65*2= 3,30€. Teniendo que hacer un transbordo al menos ya le saldría más barato trabajar en otra ciudad.
De tranvías y carriles bici ya no merece la pena ni hablar. Uno ha tenido la experiencia de montar en tranvías de varias capitales europeas (Praga, Riga, Varsovia …). Un medio de transporte eficiente porque es eléctrico y rápido porque tiene carril preferente. Ya, pero es que se necesita hacer un carril especial, exactamente igual que para las bicis aunque este último sea más estrecho. Vivo en una ciudad que tiene unas aceras anchísimas incluso por donde no pasea gente. Luego en algunos casos sólo un carril unidireccional para la circulación de vehículos. Hacer un simple carril bici que de servicio a las zonas de más tráfico de la ciudad es simplemente impensable, un tranvía es ciencia-ficción, con lo feas que además quedan las catenarias que petrificarían cual basilisco a más de un estirado ciudadano.
Al final, los fabricantes de vehículos son quienes más interés tienen en hacerlos eléctricos. Pero somos los ciudadanos y administraciones públicas los que sólo nos acordamos de ellos cuando el petróleo se dispara, aunque tampoco estamos muy dispuestos a cambiar hábitos y ejecutar actuaciones. El precio del petróleo sube, alcanza un pico máximo y vuelve a bajar, aunque no a los niveles originarios. En ese momento empezamos a hablar de petróleo barato que estimulará el crecimiento económico y nuestros hábitos se han acostumbrado a gastar más para nuestros desplazamientos. El coche eléctrico, la bici o el uso de un transporte público eficaz pasan a convertirse en preocupaciones de pobretones y frikis que no tienen otra cosa que hacer. Y así hasta el próximo alza de precios en unos años.
Technorati Tags: crisis del petróleo, espacio, ecología, CO2


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