Espacio Europeo de Educación Superior
La tarea de la universidad no es ofrecer lo que la sociedad demanda, sino lo que la sociedad necesita. Las cosas que la sociedad demanda son, en general, bien conocidas, y para ello no necesitas una universidad, la universidad tiene que ofrecer lo que nadie más puede proveer.
Concluyo que esta sociedad ha decidido que no necesita una universidad, algo que siempre le ha sido lejano y difícilmente comprensible, sino que prefiere una coartada para títulos subprime, de fácil y barata colocación. Por eso ha delegado su representación en los “empleadores”, que no son la sociedad sino sólo una parte de ella y con intereses diferentes. Esa es la única causa que se me ocurre para que se considere “docencia de calidad” aquella que aprueba a todos a la primera y con buenas notas, aquella que fija sus niveles de exigencia en función del “cliente” y lo eyecta al mercado laboral en el mínimo tiempo posible (no hablo por hablar, ya les contaré).
La nueva universidad no debería tener como objetivo que los alumnos contraten su hipoteca lo antes posible y estén más pendientes del Euribor que de las ganas de cambiar la sociedad. Esos son otros intereses de otra gente. Pero así son las cosas.
Diferencia
En EE.UU. todo el mundo quiere ser Bill Gates y en España, David Bisbal.
— Xavier Sala i Martín (2006)
(Fuente)
Naranjas asturianas
La misma causa [el comercio con América] unida a la desmembración de Portugal llenó aquella costa [de Sevilla, Cádiz y Huelva] de planataciones de naranjos y limones, cuyo comercio fue pereciendo poco a poco en los territorios de Asturias, Galicia y La Montaña, que hasta la mitad del siglo pasado abastecían de estos preciosos frutos a Inglaterra y Francia. Entre tanto las huertas de naranja de Asturias, y aún muchos prados y heredades se convirtieron en pumaradas por el aumento del consumo y precio de la sidra, y se destinaron en Galicia a otros más útiles cultivos, sin que para ello fuese necesaria la intervención de las leyes, que sea lo que fuere, nunca será tan poderosa para animar el cultivo ni para dirigirle, como los estímulos del interés.
(Melchor Gaspar de Jovellanos, Informe de la Sociedad Económica de Madrid al Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente de Ley Agraria, 1794).



