La misma causa [el comercio con América] unida a la desmembración de Portugal llenó aquella costa [de Sevilla, Cádiz y Huelva] de planataciones de naranjos y limones, cuyo comercio fue pereciendo poco a poco en los territorios de Asturias, Galicia y La Montaña, que hasta la mitad del siglo pasado abastecían de estos preciosos frutos a Inglaterra y Francia. Entre tanto las huertas de naranja de Asturias, y aún muchos prados y heredades se convirtieron en pumaradas por el aumento del consumo y precio de la sidra, y se destinaron en Galicia a otros más útiles cultivos, sin que para ello fuese necesaria la intervención de las leyes, que sea lo que fuere, nunca será tan poderosa para animar el cultivo ni para dirigirle, como los estímulos del interés.
(Melchor Gaspar de Jovellanos, Informe de la Sociedad Económica de Madrid al Real y Supremo Consejo de Castilla en el Expediente de Ley Agraria, 1794).
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